—La aspiración uterina durante la segunda mitad del siglo XX en España.—
La trayectoria de la aspiración uterina se inscribe en una historia transnacional de circulación de técnicas y objetos entre hospitales, programas de planificación familiar, clínicas y pisos en los que se realizaban abortos clandestinos. Desde mediados del siglo XIX los ginecólogos estuvieron empleando distintas formas de succión para inducir la menstruación o evacuar la cavidad uterina, pero fue en el siglo XX cuando se diseñaron dispositivos específicos que usaban este mecanismo para interrumpir embarazos, tratar abortos incompletos, obtener biopsias endometriales o evacuar molas hidatiformes (un desarrollo anormal del embarazo que da lugar al crecimiento de un tumor a partir de las células originalmente destinadas a la formación de la placenta). Se empleaban diversos objetos como botellas de presión negativa, bombas eléctricas, jeringas de gran volumen, cánulas metálicas o de plástico flexible. La versatilidad de la técnica permitió su adaptación a contextos legales, morales y económicos muy dispares.
En la China comunista de mediados del siglo XX, el desarrollo de sistemas de aspiración sin necesidad de electricidad se integró en programas estatales de control de la natalidad, lo que facilitó la interrupción del embarazo en entornos rurales con recursos sanitarios limitados. En la Unión Soviética y Yugoslavia, se diseñaron durante los años sesenta aparatos destinados a la práctica de la aspiración en contextos sanitarios que se presentaron como innovaciones quirúrgicas para abortos legales y tratamientos gineco obstétricos. Estos aparatos se daban a conocer en congresos internacionales con participantes de ambos lados del Telón de Acero y mediante películas que mostraban procedimientos de interrupción del embarazo que utilizaban protocolos estandarizados y anestesia local. En paralelo, comenzaron a publicarse en revistas norteamericanas de ginecología y obstetricia investigaciones que señalaban la mayor seguridad y eficacia de la aspiración uterina para el tratamiento del aborto —tanto espontáneo como provocado—, por encima de la dilatación y el legrado (técnica que utiliza el raspado de las paredes uterinas), la técnica mayoritariamente empleada en la región hasta la fecha. Con todo ello, la aspiración se consolidó como método preferente para abortos provocados y abortos espontáneos incompletos en Norteamérica.
En los escenarios médico institucionales, la aspiración se legitimó fundamentalmente como una mejora técnica: más segura, menos hemorrágica, más eficiente. La Organización Mundial de la Salud y otras agencias internacionales terminaron por recomendar la aspiración uterina como método de referencia tanto para el aborto temprano como para el tratamiento de abortos espontáneos, de modo que se consolidó su posición global como tratamiento estándar en múltiples indicaciones. Esta narrativa de modernización coexistía con una relativa invisibilidad de la experiencia de las pacientes, cuyas sensaciones de dolor y miedo se clasificaban con frecuencia como “subjetivas” frente a la mirada “objetiva” del personal médico.
Al mismo tiempo, la aspiración uterina fue empleada por redes activistas y feministas que resignificaron la técnica como herramienta de desobediencia y autogestión. En Francia, Italia y Alemania, desde finales de los años sesenta del siglo XX, grupos de autoayuda y colectivos por el aborto libre adoptaron el “método Karman”, llamado así por el psicólogo estadounidense y proveedor de aborto Harvey Karman (1924-2008), que patentó y promovió cánulas de plástico flexible de pequeño diámetro y dispositivos portátiles de succión para practicar abortos en entornos no hospitalarios. La práctica radical de la aspiración uterina se realizaba en pisos y centros autogestionados, en sesiones colectivas donde se explicaba el procedimiento, se debatía su dimensión política y se compartían tareas como la exploración, la dilatación, la aspiración y el acompañamiento emocional. En Estados Unidos, la experiencia de la extracción menstrual impulsada por grupos feministas de Los Ángeles y el diseño del dispositivo Del Em —que empleaba la aspiración manual para la extracción del contenido uterino— por Lorraine Rothman convirtieron la aspiración uterina en una técnica de grupo que permitía intervenir incluso antes de confirmar el embarazo.

Del-Em, c. 1975. Wikimedia
Del-Em, como han señalado Laura Mamo y Jennifer Ruth Fosket, era un dispositivo no comercial que combinaba una jeringa y una cánula flexible con tarro de vidrio, igual a aquellos en los que se almacenaban productos alimentarios o conservas. De este modo, la frontera entre lo médico y lo doméstico, y entre anticoncepción y aborto se difuminó, y la técnica de la aspiración uterina se presentó como vía para recuperar el control sobre un ciclo menstrual medicalizado y normativizado.

Cánula de Karman y jeringa. Fuente: Miguel López Valverde, José María Usandizaga Pombo y José María Rivera Pomar, Legrado uterino por aspiración (Editorial Jims, 1978).
En este entramado, el caso español aporta una biografía local que dialoga con, pero no replica, las trayectorias de otros contextos. En la España franquista, el aborto estaba penalizado sin excepciones por la ley para la protección de la natalidad de 1941. La sexualidad femenina se regulaba desde una moral católica que hacía de la maternidad un deber social. Aun así, desde mediados de los años sesenta, algunos ginecólogos comenzaron a interesarse por la aspiración, apoyándose en publicaciones procedentes del bloque socialista donde la técnica se utilizaba para abortos legales. En 1965, el catedrático de ginecología Francisco Bonilla publicó el primer artículo sobre “vaciamiento uterino por aspiración” en la Revista Española de Obstetricia y Ginecología y propuso su adaptación a indicaciones diagnósticas y terapéuticas compatibles con la legalidad española.
En los años siguientes, otros autores como José María Bedoya, catedrático de obstetricia y ginecología de la Universidad de Sevilla y promotor de la planificación familiar en la capital andaluza, reivindicaron el “legrado por aspiración” como innovación española en el tratamiento de abortos espontáneos incompletos y molas hidatiformes. Se improvisaron dispositivos a partir de aspiradores de quirófano, frascos de vidrio, manómetros y cánulas metálicas fabricadas por herreros artesanos. También se fue homogeneizando la terminología hasta consolidar el término de “legrado por aspiración” en manuales y tesis doctorales. Estos textos insistían en las ventajas del vacío sobre el legrado cortante porque causaba menor hemorragia, menos complicaciones y también disminuía la necesidad de dilatación. Se predecía el reemplazo generalizado de la técnica anterior del legrado.

Instrumentos y aspirador eléctrico descritos por Miguel López Valverde, José María Usandizaga Pombo y José María Rivera Pomar. Fuente: López Valverde, Legrado uterino por aspiración (Editorial Jims, 1978).
Paradójicamente, mientras se proclamaba el rechazo al uso de la aspiración para abortos inducidos por razones ideológicas, las publicaciones describían esta técnica al detalle: los materiales, calibres de cánula, las semanas de gestación recomendadas y los pasos del procedimiento para la interrupción del embarazo. Esta ambivalencia convertía los artículos médicos en potenciales manuales para cualquier profesional o grupo que quisiera practicar abortos en la clandestinidad. En estos relatos, las mujeres se desplazaban al segundo plano: se hablaba del “útero” como objeto de intervención y el dolor se minimizaba, incluso cuando la evidencia señalaba perforaciones o molestias importantes.
A finales de los años setenta, la muerte de Franco y el auge de los movimientos feministas y de izquierdas facilitaron la llegada de la aspiración uterina a los pisos particulares, donde se practicaban abortos clandestinos. Las vías de llegada fueron muy diferentes. En Valencia, Sevilla y Barcelona, por ejemplo, surgieron grupos que aprendieron el método Karman gracias a la circulación transnacional de militantes y saberes. Françoise, una activista francesa, fue la figura clave para la enseñanza de la técnica. Nació en Poitiers en 1941 y aprendió a realizar aspiraciones en torno a 1974 en Marsella, en una sesión de abortos grupales militantes como muchas que en aquel momento tenían lugar en toda Francia. Posteriormente trabajó en contextos colectivos en el norte de Italia, antes de instalarse en Valencia. Los colectivos reproducían y adaptaban los protocolos desarrollados en la primera mitad de la década de 1970 en Francia y en los años centrales de la misma década en Italia. Se convocaba a las mujeres en lugares públicos y se organizaban sesiones colectivas de información y apoyo. Posteriormente se realizaba el aborto por aspiración en pisos cedidos por alguna de las mujeres o por integrantes o simpatizantes del colectivo. Estos grupos empleaban cánulas de Karman conectadas a tarros de Nescafé y bombas de bicicleta invertidas, en un entorno informal que buscaba desactivar el miedo. La gestión del dolor evitaba la anestesia farmacológica y se apoyaba en la rapidez del procedimiento, la explicación constante de la técnica y la presencia física de una acompañante que hablaba con la mujer y le sostenía la mano. Esta manera de abordar la interrupción del embarazo dialogaba con corrientes internacionales como la psicoprofilaxis del dolor del parto y con la propia reflexión feminista sobre el cuerpo. Entrevistas de historia oral recogen que, pese al dolor, muchas mujeres vivieron estas intervenciones como más confortables y respetuosas que algunos abortos legales practicados en clínicas extranjeras.

Françoise a inicio de la década de 1980. Fuente: archivo personal de Françoise.
El funcionamiento de estas redes clandestinas se sostenía sobre economías de solidaridad: se cobraban honorarios muy inferiores a los de abortos clandestinos médicos o aquellos realizados en el extranjero, con posibilidad de pagos flexibles y exenciones, algo que provocaba también debates internos sobre la frontera entre la sostenibilidad económica y la mercantilización de la práctica. Las mujeres firmaban declaraciones de estar sometiéndose a la interrupción del embarazo de manera voluntaria. La recopilación de estas declaraciones se concebía como garantía frente a posibles denuncias y, al mismo tiempo, como prolongación de las campañas feministas contemporáneas de autoinculpación colectiva que saturaban los tribunales con declaraciones de mujeres que afirmaban haber abortado. El apoyo de profesionales de la sanidad pública dispuestos a tratar las posibles complicaciones sin denunciar a las mujeres implicadas también era fundamental para esta infraestructura clandestina.
En paralelo, de una forma que hoy se describe como muy excepcional, la ramificación sanitaria del emergente movimiento de planificación familiar incorporó la aspiración uterina en algunas de las consultas y los centros municipales de planificación familiar que empezaron a proliferar a finales de 1978, tras de la despenalización de la venta y divulgación de la anticoncepción. Personal sanitario con acceso a cánulas de Karman y jeringas de gran volumen realizaban aspiraciones a mujeres en situaciones sociales o psicológicas difíciles con embarazos muy tempranos, asumiendo que, en caso de aborto incompleto, los servicios hospitalarios lo completarían sin denunciar. También algunos ginecólogos empezaron a ofertar interrupciones del embarazo con el método de aspiración de forma clandestina, medicalizando los protocolos activistas y desarrollando sus propios dispositivos. “No copiamos el método Karman, lo mejoramos”, dijo uno de los ginecólogos líderes en este campo en una entrevista en 2023. En ciudades como Valencia, experiencias como el centro Acuario, donde convivieron profesionales y activistas, construyeron una continuidad entre práctica clandestina y clínicas legales tras la despenalización parcial del aborto en 1985, de modo que concentraron la prestación de servicios y refinaron los protocolos de aspiración.

Objetos usados en abortos por aspiración activistas. Capturas del vídeo de la conferencia de prensa de las Jornadas Feministas Estatales Llars Mundet, Barcelona, noviembre de 1985. Fuente: Grup de Lesbianes Feministes, Centre de Documentació de Ca la Dona, Barcelona.
La ley de 1985, que despenalizó el aborto bajo ciertos supuestos, junto con la ley de salud sexual y reproductiva de 2010, que reconoció el derecho al aborto a petición hasta la semana 14 del embarazo, modificaron profundamente el papel de la aspiración uterina en el sistema sanitario español. Las clínicas privadas especializadas la consolidaron como técnica estándar para abortos tempranos, mientras que los hospitales públicos tendieron a mantener un uso más ambiguo en ginecología general, donde la elección entre vacío y legrado romo seguía ligada a la disponibilidad de aparatos y a las preferencias de los equipos. Al mismo tiempo, el aumento de los abortos farmacológicos reconfiguró el equilibrio entre métodos, aunque la aspiración siguió siendo relevante en numerosos escenarios clínicos.
El caso español permite ver la aspiración uterina como tecnología frontera entre los diversos “mundos del aborto” (término acuñado por la historiadora Bibia Pavard): el médico-institucional, el activista y el autogestionario. En cada uno de estos mundos que se solapaban, los usos de la técnica respondían a diferentes aspiraciones de quienes la practicaban. En China, la Unión Soviética o Yugoslavia la aspiración se convirtió en emblema de la modernización sanitaria en contextos del aborto legal, aunque la expansión de la técnica en la Europa del Este fue desigual y tardía. En Francia, Italia o California, la aspiración fue la herramienta clave para las redes de izquierdas y feministas que, practicando abortos clandestinos, desafiaban el monopolio médico y jurídico. En España, la aspiración fue un artefacto cargado de ambigüedades: a la vez símbolo de innovación ginecológica, soporte material de abortos clandestinos colectivos y engranaje de clínicas especializadas tras la despenalización parcial. El análisis de estas historias en conjunto muestra que una “misma” técnica puede sostener proyectos estatales de control de la reproducción y, al mismo tiempo, servir para mantener luchas por la autonomía corporal y la justicia reproductiva, según quién la use, dónde y con qué aspiraciones.
María Mundi-López
Universidad de Granada y École des Hautes Études en Sciences Sociales
Agata Ignaciuk
Universidad de Granada
Cómo citar este artículo:
Mundi-López, María y Ignaciuk, Agata. Aspiraciones diferentes. Sabers en acció, 2026-03-11. https://sabersenaccio.iec.cat/es/aspiraciones-diferentes/.
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Entrevistas con Françoise realizadas por Agata Ignaciuk y Teresa Ortiz-Gómez en Alicante el 5 de julio de 2017 y por Agata Ignaciuk el 6 y 7 de diciembre de 2023. Realizamos las entrevistas de historia oral con Françoise en dos momentos diferentes. La primera entrevista fue facilitada por Consuelo Catalá y Enrique Lebrero, integrantes del Colectivo Acuario. Cinco años más tarde, Agata Ignaciuk realizó otra entrevista con Françoise, esta vez en su casa de Valencia y en compañía de su hija Julie. En esta ocasión se realizaron más de 4 horas de grabación entre los dos días en los que nos reunimos. Las entrevistas fueron transcritas y tanto las grabaciones, como las transcripciones se encuentran almacenadas en el Departamento de Historia de la Ciencia de la Universidad de Granada.
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Páginas de internet y otros recursos
Entrevista con Consuelo Catalá Pérez, Feministas Valencianas, https://feministasvalencianas.wordpress.com/consuelo-catala/

