—El desarrollo de la industria sanitaria y las nuevas tecnologías ha tenido consecuencias diversas en la lucha contras las enfermedades durante el siglo XX.—

 

El impacto de la industria sanitaria y de las tecnologías asociadas a la salud ha tenido unas consecuencias espectaculares sobre la esperanza de vida de los ciudadanos y sobre el dominio del cuerpo. Un aspecto importante ha sido el desarrollo de tecnologías capaces de sustituir órganos completos enfermos o dañados o suplir mediante acciones técnicas o suplementos externos déficits funcionales. Se logró en el caso de la diabetes con el suministro externo de la insulina para paliar el déficit pancreático, pero también en una sucesión de técnicas destinadas a sustituir los órganos dañados por la enfermedad o los accidentes. Primero fue el pulmón de acero, que salvó a tantos niños enfermos de polio de morir por asfixia debido a la parálisis de los músculos intercostales que regulan la respiración. Más tarde el marcapasos, que regula las contracciones cardíacas mediante estimulaciones eléctricas. Poco después vino la diálisis renal y más tarde los ventiladores o respiradores artificiales, tan imprescindibles actualmente en las unidades de cuidados intensivos de los hospitales. La misma idea de intervenir sobre la función normal de los órganos y tejidos es la que guía la terapia hormonal sustitutoria y los trasplantes. Todos ellos tienen una característica común: la sustitución química o mecánica de la actividad de un órgano o su sustitución física o funcional. La llamada medicina regenerativa, basada en los bancos de tejidos, que son seleccionados mediante técnicas de compatibilidad genética y el cultivo de células madre plantea un futuro esperanzador y también ética y científicamente controvertido, por el poder y los riesgos que entraña.

Inauguración de la compra de un «pulmón de acero» inventado para prevenir la asfixia en pacientes afectados por la polio. Wikipedia.

Desde los años 1970, la terapia hormonal sustitutoria revolucionó los métodos de anticoncepción.La píldora anticonceptiva no solo dio a la mujer mayor libertad para la expresión de su sexualidad y un mayor control de la procreación, sino que también redujo la natalidad y abrió expectativas sociales y laborales inéditas a las mujeres. Poco después, en los años 1980, se iniciaron las técnicas de fertilización in vitro y reproducción asistida, que obligaron a los Estados a establecer regulaciones sobre el uso de embriones humanos y los límites de las técnicas de clonación animal. En los últimos años, el cultivo de células embrionarias pluripotenciales o de células adultas y cultivos de tejidos ha impulsado nuevas posibilidades en el dominio de la medicina regenerativa. Su objetivo es el cultivo y la producción de tejidos compatibles con la identidad biológica del paciente, de manera que mediante materiales biológicos propios o compatibles se pueden recuperar órganos y tejidos dañados.

Recientemente las técnicas de edición genética han abierto nuevas expectativas mediante el corte y sustitución de secuencias de ADN que activan o inactivan determinados genes asociados a enfermedades concretas. No se introducen nuevos genes, sino que se modifican los existentes. Esa modificación se transmite sucesivamente a la descendencia. Es una técnica empleada en la producción de plantas transgénicas y que se ha ensayado en embriones animales y humanos. También la nanofarmacología aspira a revolucionar el tratamiento de las enfermedades infecciosas y oncológicas. Se basa en el empleo de vectores que transportan y liberan las sustancias en los tejidos o células diana. Estas técnicas tienen un campo de aplicación prometedor en el tratamiento de enfermedades infecciosas y tumores. El dominio de la tecnología médica sobre el cuerpo humano ha alcanzado cotas impensables hace apenas unas décadas gracias al diagnóstico molecular, las cartillas de identidad genética y las tecnologías de secuenciación. Este nuevo escenario ha llevado la enfermedad al dominio de la patología molecular, lo que revolucionará el tratamiento de muchas enfermedades hasta ahora incurables. También la inteligencia artificial y la biónica han desarrollado miembros artificiales y exoesqueletos, capaces de establecer conexiones entre el sistema nervioso central y los órganos y tejidos del cuerpo humano.

Unidad de Cuiados Intensivos. Teinteresa.es.

Por otra parte, desde las primeras décadas del siglo XX la dieta y la nutrición se convirtieron en dimensiones esenciales para la salud y las políticas sociales. La Declaración universal de los derechos humanos no dejaba espacio para el hambre como causa de muerte y enfermedad. Acuciados por los efectos devastadores de las dos guerras mundiales y por la Gran Depresión de los años 1930, la ciencia de la nutrición trató de dar respuesta a las necesidades fisiológicas de la alimentación. Primero se formuló el concepto de caloría, unidad básica clave para medir las necesidades energéticas del cuerpo humano. Después la investigación se centró en los nutrientes: proteínas, grasas, carbohidratos, minerales y vitaminas. La investigación experimental y clínica permitió valorar su importancia metabólica y los efectos patológicos de los déficits en forma de enfermedades carenciales. También el proceso de inanición orgánica derivado de la malnutrición crónica. Durante la Segunda Guerra Mundial, los campos de concentración fueron un espacio excelente para analizar los efectos patológicos del hambre sobre el organismo humano. Entonces los nutricionistas establecieron patrones de dieta óptima y dieta mínima, que sirvieron de referencia a las políticas de racionamiento en tiempo de crisis de abastecimiento, de guerra y de posguerra.

Brazo biónico. Rewisor.com.

Desde entonces se han venido analizando las propiedades nutricionales de los alimentos, con el impulso de la FAO se publicó un codex alimentarium, y se analizaron las relaciones entre la dieta y ciertas enfermedades carenciales o la obesidad, pero también sobre los accidentes cardiovasculares o el cáncer. La relación entre el consumo de grasas y la insuficiencia de vegetales se asoció a los accidentes cardiovasculares, lo que puso en valor las cualidades de la dieta mediterránea y sus efectos beneficiosos y protectores para la salud. La explosión de la industria alimentaria ha tenido su más reciente expresión en los llamados alimentos funcionales, enriquecidos con minerales, vitaminas u otras sustancias beneficiosas para la salud, y también otros alimentos en los que se ha suprimido componentes perjudiciales para la salud de ciertos consumidores. Los productos sin gluten o lactosa, o enriquecidos con ácidos grasos omega3, los lactobacillus o el ácido fólico expresan un nuevo escalón en la producción de alimentos. Actualmente la industria alimentaria y el ecologismo evidencian la doble dimensión del mercado global de alimentos: la capacidad de selección de los alimentos industrialmente mejorados, pero también la vuelta a los productos de proximidad.

 

 

Josep Lluís Barona Vilar
IILP-UV

 

Para saber más

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Lecturas recomendadas

Barona Vilar, J.L. Salud, tecnología y saber médico. Madrid: Ed. Fundación Ramón Areces; 2004.

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