—Relatos, mitos y supersticiones acerca de la Ilustración y su relación con las ciencias.—

 

En 1783, un párroco de Berlín, Johann Friedrich Zöllner, formuló una pregunta en una revista: «Was ist Aufklärung?» (¿Qué es la ilustración?). La respuesta más famosa fue enviada por Immanuel Kant y se ha convertido en uno de los textos más célebres de la historia de la filosofía. Definió la ilustración como «la liberación del ser humano de su culpable incapacidad», es decir, de «la imposibilidad de servirse de su inteligencia» sin otras guías. Kant consideraba que la causa de tal incapacidad no residía en la carencia de inteligencia, sino más bien en falta de «decisión y valor» para servirse de la razón sin tutelas. Por eso exhortaba a sus contemporáneos: «¡Sapere aude! ¡Atrévete a saber! ¡Ten el valor de servirte de tu propia razón!». Este le parecía a Kant que debía ser el lema de la ilustración.

Respuesta de Immanuel Kant a la pregunta «¿qué es la Ilustración?» aparecida en diciembre de 1784 en la revista Berlinische Monatsschrift. Wikimedia.

Esta visión de la Ilustración, considerada el triunfo de la razón, ha modelado muchos de los relatos acerca de la historia de la ciencia de este período. Dichos relatos presentan este período como la consolidación de avances conseguidos en los siglos anteriores, es decir, en la época de la «revolución científica» y el período de «nacimiento» de la ciencia moderna. Por ejemplo, en lo referente a las ciencias físicas, se suele identificar el «triunfo de la razón» con la «difusión» de la obra de Newton, tanto de sus concepciones sobre la mecánica y la astronomía, como de sus métodos de trabajo, los cuales son presentados como ejemplos paradigmáticos del método experimental. Dentro de esta visión más tradicional, la ciencia de la Ilustración, al menos en el campo de la física, tendría poco de original y se limitaría a un proceso de «consolidació» y «asimilación» de saberes de los dos siglos anteriores. Sería así un período poco apasionante, caracterizado por una lenta difusión de las grandes conquistas del período anterior.

Esta visión de la Ilustración no se sostiene a la luz de las investigaciones históricas de las últimas décadas. Estas investigaciones, tal y como habéis podido comprobar los lectores y lectoras de Saberes en acción, ha cuestionado la noción de «Revolución Científica» sobre la que se basan las líneas anteriores. Asimismo, en los últimos años se ha producido un mayor interés por los procesos de circulación de la ciencia. Desde esta óptica se han analizado los complejos procesos -con la participación de un gran número de personajes- que condujeron a la transformación del newtonianismo en el «sentido común» de las ciencias físicas, según la expresión empleada por Simon Schaffer. También se ha podido comprobar que, incluso en el limitado terreno de lo que hoy se conoce como ciencias físicas, se produjeron muchas más cuestiones relevantes que la circulación creativa de las obras de Newton. Los años de la Ilustración, incluso en áreas como astronomía o mecánica, estuvieron plagados de innovaciones, relacionadas con observaciones astronómicas, instrumentos, prácticas experimentales y planteamientos teóricos de muy diverso tipo.

Más allá de la astronomía y la mecánica, el relato «del triunfo de la razón» se ha aplicado también a otros ámbitos, como la química o la medicina. En el caso de la historia de la química, se suele presentar el período de la Ilustración como la liberación de su antigua relación con la alquimia, considerada como parte del pensamiento irracional, repleto de «ficción y de oscuridad», en el que era «casi imposible encontrar la verdad», según escribió uno de los primeros historiadores de la química, Thomas Thomson. Para estos primeros químicos-historiadores, la Ilustración era un proceso en el que la química se había desprendido de estos «rudos y desgraciados orígenes» para poder conquistar su «dignidad» como ciencia. Se ha visto en otros apartados que estas imágenes de la alquimia, creadas por autores como Thomson con la finalidad de reforzar la imagen pública de la química, no tienen cabida en la investigación histórica actual.

Otra imagen que también ha sido abandonada, pero que continúa teniendo mucho peso en la divulgación científica y en algunas narrativas escolares, es la idea de una «revolución retrasada» en el campo de la química. Según estos relatos, esta revolución se habría producido mediante el abandono de la denominada Teoría del flogisto, todo ello mediante el avance de la precisión y la cuantificación (virtudes simbolizadas por la balanza como instrumento químico) y experimentos cada vez más complejos y con aparatos más sensibles. De este modo, y siempre mediante la intercesión de grandes genios Antoine Lavoisier (1743-1794), la química tuvo su revolución con un siglo de retraso respecto a las otras ciencias físicas. Esta imagen fue formulada por historiadores como Henry Butterfield en obras con el significativo título de The Postponed Scientific Revolution in Chemistry.

Imágenes de cráneos de animales reproducida en el libro Carl Linné, Systema Naturae, 1748. Wikimedia.

Dentro de este tipo de mitologías, todavía presentes en los manuales de ciencias actuales, el papel de los genios fundadores resultaba crucial. Un papel semejante al de Lavoisier en química se suele atribuir en la botánica a la figura de Carl Linné (1707-1778). Su papel fue la introducción de nuevas clasificaciones y la sistematización de una nueva nomenclatura binomial que también inspiró la reforma de la terminología química y médica durante el siglo XVIII. En realidad, su trabajo se basó en una red de intercambios muy amplia de datos y objetos de todo tipo, por lo que habría que considerarla una empresa colectiva que, además, estuvo marcada por las relaciones de intercambio entre los poderes imperiales de la época. Sus clasificaciones también están marcadas por sesgos de género y valores acerca del papel de las mujeres, de modo que contienen una naturalización implícita de la división sexual del trabajo en las sociedades de su tiempo, tal y como han mostrado los trabajos de Londa Schiebinger. Tal y como ocurre en el caso de Linné, los nuevos estudios acerca de la ciencia en la Ilustración recuperan aspectos como el carácter colectivo de la producción científica, las redes imperiales de intercambio de objetos o los sesgos de género, que apenas se encuentran tratados en los relatos tradicionales.

En el caso de la medicina, se suele afirmar que la denominada «revolución clínica» de principios del siglo XIX, estuvo precedida por una larga crisis de las teorías galénicas. El pensamiento crítico de la Ilustración habría servido, siempre desde este punto de vista, para cuestionar los sistemas médicos (no solamente el galenismo, también la iatroquímica o la iatromecánica), propiciando así un período escéptico o antisistemático que sirvió de punto de partida para el nacimiento de la medicina moderna, la cual es habitualmente representada por la escuela de París con la denominada «revolución clínica» y la aparición de la «medicina hospitalaria», nociones que se encuentran presentes en obras escritas durante la década de 1960 por autores tan diferentes como Michel Foucault o Erwin Ackerknecht. También en este caso los nuevos estudios han mostrado un panorama bastante diferente y más complejo. Se ha visto que muchos cambios supuestamente revolucionarios se introdujeron paulatinamente en las escuelas de cirugía del siglo XVIII. También se ha mostrado que muchas imágenes de la «revolución clínica» fueron creadas y popularizadas a través de relatos de la comunidad médica de la segunda mitad del siglo XIX.

Un experimento con un pájaro dentro de una máquina de vacío. Cuadro de Joseph Wright of Derby, 1768. Wikimedia.

Al igual que ocurre con la «revolución clínica», la interpretación antes descrita de la Ilustración y las ciencias, aunque abandonada en el mundo académico, sigue teniendo una fuerte presencia pública, tanto en la enseñanza de las ciencias como en obras de divulgación, incluso libros superventas, como Enlightenment now! de Steven Pinker, que emplea la visión tradicional de la Ilustración para, según indica el subtítulo, defender la «razón, la ciencia, el humanismo y el progreso» frente a sus supuestos detractores, es decir, todas las personas que, de un modo u otro, cuestionan las virtudes de las sociedades capitalistas contemporáneas que, siempre según Pinker, serían la prueba más contundente de que «la ilustración ha funcionado». Los críticos de la visión defendida por Pinker, sin embargo, arrancan desde la misma Ilustración, donde coexistieron diversas tendencias más o menos radicales, con visiones contrapuestas acerca del papel de la ciencia y la razón. En el terreno académico, la crítica de la imagen tradicional de la Ilustración ha sido realizada desde muchos ángulos. Una de las fuentes de inspiración fueron los autores de la denominada Escuela de Frankfurt, con la noción de «razón instrumental», sometida a la utilidad o el interés económico, y no tanto al saber y a la prudencia, empleada en los textos de Max Horkheimer y Theodor Adorno, escritos tras el terror de la Segunda Guerra Mundial. Otra noción surgida en esta misma escuela, formulada por Jürgen Habermas, también ha tenido mucha importancia en los estudios históricos: el nacimiento de la «esfera pública» y el papel de la ciencia en este contexto. Finalmente, los trabajos de Michel Foucault, que también escribió una respuesta a la pregunta que da título a esta entrada, han remarcado las relaciones entre conocimiento, disciplina y poder. Frente a la tradicional asociación con el desarrollo de la razón y aumento de las libertades, la Ilustración según Foucault habría iniciado un giro hacia nuevas formas de sometimiento y «biopoder».

Un experimento con electricidad estática en un salón del siglo XVIII. Procedente del libro Essai sur l’électricité des corps, del abate Nollet (París, 1771). Bibliothèque Nationale de France.

Bajo la inspiración de estos trabajos, los nuevos estudios han prestado más atención a la llegada de la ciencia a la esfera pública, dentro de los nuevos espacios de sociabilidad surgidos en esos años (cafés, salones, academias), nuevos medios (particularmente la prensa periódica, la gran novedad), formas de lectura (colectivas y privadas) y un nuevo tipo de discurso y actitud irreverente frente al dogmatismo político, religioso o académico.También se revisarán los discursos acerca de la «utilidad pública» de los nuevos saberes, un rasgo también característico de la Ilustración. También es habitual encontrar discursos que asocian la divulgación de saberes con el crecimiento económico y la felicidad pública, dentro de procesos que pueden ejemplificarse con la famosa Encyclopédie de Diderot y D’Alembert, la gran empresa editorial del siglo XVIII, que contenía muchos temas hoy relacionados con la física, la química, la medicina o las matemáticas. Los políticos cameralistas centroeuropeos, así como otros miembros de los gobiernos ilustrados y algunas de las élites de esos años, imaginaron la ciencia como herramienta para renovar la agricultura y la producción industrial, por lo que impulsaron cursos dirigidos a agricultores y artesanos.

Junto con esta retórica de la utilidad, y a menudo confundida con ella, los saberes relacionados con la ciencia servirán como fuente de diversión y espectáculo. Se creará un comercio de instrumentos para ser empleado en los hogares o por parte de demostradores que recorrerán Europa, con su larga serie de experimentos que hacían las delicias de públicos muy diversos, combinando la diversión con la utilidad. Entre estos públicos, jugaron un papel destacado las mujeres que fueron protagonistas muy relevantes, tal y como se verá. Por ello, el período de la Ilustración resulta particularmente interesante para revisar cuestiones sobre ciencia y género, dado que muchas mujeres también participaron activamente en la producción de saberes, a menudo desde espacios como los salones donde regían normas de sociabilidad que favorecían su participación. También hubo autoras, en ocasiones anónimas, de importantes obras de ciencia y algunas de ellas llegaron a integrarse plenamente en el mundo académico, tal y como muestra la carrera de Laura Bassi como profesora de física en la Universidad de Bologna.

De este modo, los nuevos trabajos han permitido miradas plurales acerca de la Ilustración que van mucho más allá de los temas tradicionales y las interpretaciones interesadas como las antes señaladas. Estos nuevos temas aparecen plenamente asentados en los libros colectivos con un panorama general de la ciencia, la medicina y la tecnología durante la Ilustración, tales como los que se describen en la bibliografía adjunta. Estas obras abordan toda una serie de temas nuevos, apenas tratados en las descripciones tradicionales, tales como los instrumentos científicos y sus fabricantes, la producción, comercio y lectura de libros, ciencia y religión, el cambio tecnológico, ciencia y género, las culturas visuales, las grandes expediciones, el comercio y el saqueo imperial, etc. También se han realizado numerosos estudios acerca de territorios y culturas situados fuera de Europa, para conocer la perspectiva de voces habitualmente silenciadas. Una ojeada de manuales más recientes, como el editado por Dominique Pestre, indica la consolidación de estos temas y la ampliación a nuevos, por ejemplo, relacionados con la circulación global de saberes a través de los desequilibrios entre metrópolis y colonias, los espectáculos públicos como los globos aerostáticos, la historia medioambiental y las nuevas formas de polución propiciadas por la revolución industrial, la colaboración creciente entre poder académico, político, y económico, etc. Muchos de ellos serán abordados en las siguientes entradas de Saberes en acción.

 

 

José Ramón Bertomeu Sánchez
IILP-UV

 

Para saber más

Puedes ampliar la información con la bibliografía y recursos disponibles.

Lecturas recomendadas

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Estudios

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Fuentes

Kant, Immanuel. Contestación a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?  Madrid: Gredos; 2010.

Páginas de internet y otros recursos

José Ramón Bertomeu Sánchez, Antonio García Belmar, Ignacio Suay Matallana. La Revolución química. Disponible en este enlace.

The Linnean Collections. Disponible en este enlace.

The Newton Project. Disponible en este enlace.