—La historia de los modelos anatómicos permite descubrir colecciones, artistas, públicos, espacios de exhibición e itinerarios hasta ahora desconocidos.—

 

“La escultura comprendió enseguida la belleza misteriosa y abstracta
que hay en esta delgada carcasa a la que la carne sirve de manto
y que es como un mapa del poema humano.”

Charles Baudelaire, Pourquoi la sculpture est ennuyeuse (1846)

 

El 18 de diciembre de 1803, el Diario de Barcelona publicaba la siguiente noticia:

“Joseph Chiappi, profesor de Anatomía y de Escultura en cera, bastante conocido en esta ciudad por las exquisitas obras que ha expuesto a la vista del Público, tiene la satisfacción de anunciarle que en los días 25 y siguiente del corriente expondrá el Nacimiento de Nuestro Señor Jesús en el Pesebre, cuyas primorosas figuras son de tamaño natural.”

El pesebre, que reproducía la escena de la Adoración de los Reyes Magos, se expondría en un local de la Rambla, acompañado de un espectáculo musical. Su exhibición se tuvo que prolongar hasta el 15 de enero de 1804 ante la entusiasta acogida del público. Hasta aquí una noticia acerca de la vida artística y religiosa en una ciudad en plena expansión industrial y demográfica, donde la presencia de un escultor de origen italiano no debería extrañar, dado que desde hacía más de dos décadas era habitual encontrar exposiciones de esculturas en diversos lugares, con motivos variados y, con frecuencia, de manos de escultores italianos, afamados en la época por el dominio de la técnica de la ceroplástica.

Gaetano Zumbo, La peste. Museo de la Specola, Florencia, Italia. Wikipedia.

Pero aquí se consigna que este Joseph Chiappi (?-1833) es también “profesor de anatomía”, lo que introduce un componente distinto en su perfil, indicando que no se trata exclusivamente de un artista, sino también de alguien directamente involucrado en una práctica científica: la anatómica. En efecto, repasando la prensa del momento, encontramos que, pocos meses antes, en abril de 1803, Chiappi había obtenido el primer premio en la categoría de “Elementos de Anatomía” otorgado por la Junta de Comercio de Barcelona, en aquel entonces la principal institución para la formación científica reglada en una amplia gama de disciplinas en una ciudad que seguía sin universidad desde 1714.

Así es que estamos ante dos tipos de objetos que se mueven en la ambigua –permeable, difusa, amplia– frontera entre el objeto artístico y el científico, y que aquí, en la Barcelona de los primeros años del Ochocientos, salen de las manos de un evanescente “profesor de anatomía y escultura Joseph Chiappi”.

Cera anatómica de Giuseppe Chiappi. Museu d’Història de la Medicina de Catalunya.

Cuando hablamos de la historia material de la ciencia, no estamos solamente postulando una perspectiva desde la que abordar investigaciones sobre cuestiones relacionadas con los objetos que la ciencia produce o se apropia, sino que abogamos por la sistemática inclusión de la materialidad dentro de nuestras historias y nuestros relatos. Solo así podemos comprender de forma más apropiada la cultura científica en los diversos episodios históricos y en cada contexto espacial y cronológico que consideremos.

En el caso tratado en este apartado, además, es precisamente la materialidad de los objetos la que nos ayuda a entender la doble vertiente –en principio insólita si nos atenemos a una primera aproximación superficial– de unas figuras anatómicas que fueron producidas para la enseñanza científica y unas figuras religiosas exhibidas para la pública devoción. Porque el elemento común es que se trataba de esculturas en cera, una técnica que había adquirido por aquel entonces una prestigiosa singularidad y gozaba de gran acogida popular, exhibida en contextos y con fines muy variados.

En realidad, desde sus inicios, allá por el siglo XVII, la escultura en cera se había plasmado tanto en motivos religiosos –que, al parecer, precedieron a los demás– como en modelos anatómicos orientados especialmente a la didáctica en un contexto en el que la disección de cadáveres se hallaba limitada, por las condiciones climáticas y la precariedad de las técnicas de conservación, a unas pocas semanas al año.

Piezas descollantes de esas colecciones anatómicas de cera fueron las llamadas “Venus anatómicas”, cuya prolongada historia pública nos lleva desde las colecciones médicas de la Florencia del siglo XVIII hasta las ferias ambulantes que recorren las ciudades europeas y americanas durante todo el siglo XIX e, incluso, las primeras décadas del siglo pasado. Siempre bajo las ambiguas condiciones de una exhibición de un cuerpo femenino desnudo y, a menudo, en posturas y con aderezos que –en principio– no guardaban relación con una imagen legitimada al presentar diversas estructuras anatómicas para la enseñanza y el estudio.

Venus anatómica. Museu d’Història de la Medicina de Catalunya.

Por otro lado, en el caso de Chiappi, como en el de otros similares, ha sido la trayectoria de los objetos y su pervivencia la que ha permitido ir reconstruyendo no solo la historia material de los mismos, sino también la de su artífice. Así, la identificación de Chiappi como autor de una escultura en cera que actualmente se halla en la colección de la Universidad de Harvard permitió seguir la pista a un personaje que, nacido muy probablemente en Italia, se trasladó a Barcelona en los años iniciales del siglo XIX, desde donde pasó a América. El rastro de las piezas de Chiappi y diversas noticias –aunque dispersas y, a veces, incompletas– en guías, periódicos y catálogos permite ir documentando su paso por Nueva York, Baltimore, La Habana, Valencia, Cádiz, hasta recalar de nuevo en Barcelona, dos décadas después de esas primeras noticias sobre su actividad artística y científica en dicha ciudad. Es el estilo inconfundible de las obras anatómicas de Chiappi lo que permite conectar la pieza hoy en Harvard con la que se conserva actualmente en el Museu d’Història de la Medicina de Catalunya y que procede, sin duda, de la colección del antiguo Real Colegio de Cirugía de Barcelona.

Anfiteatro anatómico del antiguo Colegio de Cirugía de Barcelona. Wikipedia.

Desde su creación en 1760 y hasta la apertura de una flamante Facultad de Medicina de la reinstaurada Universidad de Barcelona en 1843, en la misma sede, el Real Colegio de Cirugía de Barcelona creó unas notables colecciones de preparaciones y modelos anatómicos que lamentablemente se fueron dispersando, destruyendo o ‘desapareciendo’ a medida que la finalidad para la que fueron creadas cambiaba y nuevas formas de adquirir, enseñar y comunicar el conocimiento médico tomaban el relevo a los modelos anatómicos.

La vinculación de Chiappi con la producción anatómica del Colegio reaparece, en 1824, veinte años después de las primeras exhibiciones de sus obras en la ciudad. En ese año, Chiappi revalida en el Colegio de Barcelona su título de cirujano (en América se había presentado a veces como oculista, a veces como médico, a veces como cirujano). A cambio o como gesto de gratitud o de reconocimiento, entrega o dona una serie de piezas anatómicas para el entonces recién renombrado Real Colegio de Cirugía (tras el abortado Trienio Liberal se había rebautizado como Colegio Nacional de Medicina y Cirugía).

Al año siguiente, Chiappi exponía un “gabinete anatómico” de su propiedad –así lo denomina en el anuncio que publicó en la prensa barcelonesa de la época– en las dependencias de su vivienda, sita en un piso de la calle Conde del Asalto, esquina con la Rambla. Además, ejecuta dos esculturas de cera, a partir de lo observado durante su asistencia a una disección llevada a cabo en el Colegio. Pocos meses después, ya en 1826, participa en una Junta Literaria –sesiones dominicales abiertas al público en el impresionante anfiteatro anatómico del Colegio– y esculpe otra pieza a partir de la disección llevada a cabo por el profesor de Anatomía, José Soler y Cosp (1773-1841). Este Soler había firmado, seis años antes, un inventario de todas las piezas de anatomía del museo anatómico del Real Colegio de Cirugía –distinguiendo entre “naturales” y “artificiales”, es decir, tanto preparados anatómicos con elementos orgánicos conservados mediante técnicas diversas, como modelos anatómicos en cera–.

Cera anatómica de Giuseppe Chiappi. Museu d’Història de la Medicina de Catalunya.

En estos años cruciales el interés público hacia la exhibición de estos cuerpos naturalizados (en el doble sentido del término) no había hecho más que crecer y personajes como Soler o Chiappi –pese a sus distintos perfiles sociales y profesionales– daban cuenta de ello ofreciendo a públicos cada vez más amplios el contacto con esa cultura material de la medicina, y más allá de los espacios destinados a la enseñanza para los futuros expertos. Así es que no debe extrañarnos comprobar que Chiappi asistía a las disecciones de Soler y que sus piezas no solo pasaban a engrosar la colección del museo anatómico del Colegio, sino que también nutrían la colección particular de Soler, al parecer, abierta al público durante varias décadas. Una guía de 1849 de la ciudad aún se refería al “Museo del Doctor Soler”, situado en la “calle de San Lázaro, junto al Hospital de Leprosos de San Lázaro”, a escasos doscientos metros del antiguo Colegio de Cirugía (ahora Facultad de Medicina) –aunque por esas fechas su creador y propietario era ya difunto desde hacía ocho años–. El escultor italiano, por su parte, había fallecido en Barcelona ya en 1833.

Poner los modelos anatómicos en el centro del análisis permite una observación del devenir de actores históricos valiosos, así como de la práctica y la enseñanza de la anatomía y de las nuevas formas de comunicación científica propias de la cultura industrial en eclosión durante las décadas iniciales del siglo XIX, no solo en Barcelona, sino en una parte importante de las ciudades europeas y americanas. Esta mirada debe adoptar diferentes perspectivas, desde la historia material y cultural de la medicina a la historia del coleccionismo, pasando por la del arte o la de los museos, en base a la pluralidad de formas que estos modelos presentan, la evolución de sus técnicas de producción y representación, o el surgimiento de nuevos espacios de comunicación en donde estos se guardan, se enseñan, se usan o se exhiben. Se puede así restaurar la materialidad de los cuerpos naturales y artificiales para comprender el tránsito temporal y cultural del cuerpo social.

 

 

Alfons Zarzoso
Museu d’Història de la Medicina de Catalunya

José Pardo Tomás
IMF-CSIC

 

Cómo citar este artículo:
Zarzoso, Alfons, y Pardo Tomás, José. Cuerpos naturalizados. Sabers en acció, 09-12-2021. https://sabersenaccio.iec.cat/es/cuerpos-naturalizados/.

 

 

Para saber más

Puedes ampliar la información con la bibliografía y recursos disponibles.

Lecturas recomendadas

Laurel Thatcher Ulrich, Ivan Gaskell, Sara Schechner and Sarah Anne Carter. Tangible Things: Making History through Objects. New York: Oxford University Press; 2015.

Alfons Zarzoso, Maribel Morente, eds. Cuerpos representados. Objetos de ciencia artísticos en España, siglos XVIII-XX. Vitoria: Sans Soleil; 2021.

Rina Knoeff, Robert Zwijnenberg, eds. The Fate of Anatomical Collections, Farnham: Ashgate; 2015.

Estudios

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Alfons Zarzoso, José Pardo-Tomás. En la Facultad y en la Feria: hacia una geografía urbana de los museos anatómicos en Barcelona, en: Álvaro Girón, Oliver Hochadel y Gustavo Vallejo, eds. Saberes transatlánticos. Barcelona y Buenos Aires: conexiones, influencias, comparaciones (1850-1940), Aranjuez: Doce Calles; 2017: 189-214.

José Pardo-Tomás, Alfons Zarzoso, Mauricio Sánchez Menchero, eds. Cuerpos mostrados. Regímenes de exhibición de lo humano, Barcelona y Madrid, siglos XVII-XX, México-Barcelona: Siglo XXI-Anthropos; 2019.

Páginas de internet y otros recursos

SCHCT-Cròniques de Ciència (SCHCT): Venus Anatòmica. Disponible en este enlace.

Tangible Things (Harvard University). Disponible en este enlace.

History Things (Soledad Media Group, Inc.). Disponible en este enlace.